El duelo perinatal e infantil: una pérdida que merece ser reconocida

  • 🚫 Romper el tabú y la invisibilidad: Dar voz a un dolor que con frecuencia la sociedad minimiza, ignora o silencia.

  • 🖤 Validar el duelo: Reconocer que la pérdida de un bebé, sin importar las semanas de gestación, es merecedora de respeto y tiempo de superación emocional.

  • 🩺 Capacitar a los profesionales de la salud: Fomentar una mejor preparación en el personal médico para ofrecer atención humana y respetuosa a los padres.

  • 🫂Sensibilizar el entorno laboral: Elaborar protocolos y políticas que permitan a las madres y padres transitar su duelo con la seguridad de que no perderán su trabajo.

  • ❤️ Promover redes de apoyo: Crear espacios seguros para que madres, padres y entorno cercano no atraviesen el duelo en soledad.

 

Desde Mamá Godín abrazamos con cariño a todas las madres y padres que atraviesan o han atravesado un duelo perinatal o infantil. Reconocemos sus historias, su dolor y el amor que permanece. Les enviamos nuestra admiración, solidaridad y un abrazo lleno de afecto.

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El 15 de octubre fue establecido para recordar a los bebés que fallecieron durante el embarazo, el parto o en sus primeras semanas de vida. Después las familias y asociaciones extendieron la conmemoración a todo octubre para concientizar y realizar actividades que visibilicen el dolor que muchas familias sufren en soledad debido a la falta de comprensión social.

En todo el mundo, el 15 de octubre a las 19 horas se encienden velas en memoria de los niños que partieron.

 El duelo que pocas veces sabemos nombrar

 El duelo perinatal es el proceso emocional que atraviesan las madres, padres y familias ante la pérdida de un bebé durante el embarazo, el parto o poco tiempo después del nacimiento. A pesar de su alta frecuencia – una de cada cuatro mujeres experimenta una pérdida gestacional durante su vida reproductiva -, continúa siendo poco visible y atendido. 

La falta de comprensión y acompañamiento puede llevar a minimizar la pérdida bajo la suposición de que, al no haber existido un lazo prolongado con el bebé, el impacto emocional debería ser menor.

Las reacciones emocionales incluyen tristeza intensa, culpa, enfado, aislamiento social y sentimientos de fracaso, especialmente en las madres. La ausencia de un acompañamiento adecuado puede agravar estas consecuencias, por lo que resulta indispensable hacer visible este tipo de duelo, comprender su dimensión y establecer protocolos de intervención profesional.

México no cuenta con un protocolo nacional oficial y unificado en el sistema de salud para atender esta circunstancia. Sin embargo, familias, colectivos y legisladores impulsan en hospitales públicos y privados la implementación del Código Mariposa, un modelo de atención humanizada diseñado para brindar acompañamiento empático, respetuoso y digno a quienes atraviesan una pérdida gestacional, perinatal o neonatal.

El Código Mariposa consiste en:

  •  Identificación visual: Se coloca una mariposa morada o lila en la cabecera de la cama, en la puerta de la habitación o en el expediente médico de la paciente.

  • Alerta para el personal: Esta señal avisa a los médicos, enfermeras y personal hospitalario que la familia atraviesa un duelo, indicando que deben extremar la sensibilidad, mantener un ambiente de respeto y evitar comentarios o prácticas deshumanizadas.

  • Espacios privados: En los hospitales que cuentan con la infraestructura adecuada, se asigna una habitación especial o zona de despedida alejada del área de maternidad, para que los padres puedan pasar tiempo con su bebé en privado y procesar su dolor sin estímulos dolorosos adicionales.

  • Capacitación del personal: Los equipos multidisciplinarios reciben formación en tanatología, comunicación empática y contención emocional para saber cómo dar la noticia, ofrecer apoyo psicológico y entregar cajas de recuerdos a los padres.

Una característica relevante del duelo perinatal es su tendencia a volverse crónico si no es reconocido ni abordado adecuadamente. La falta de rituales simbólicos, el escaso acompañamiento o los comentarios minimizadores del entorno como: “puedes tener más hijos”, “Dios así lo quiso” o “aún eres joven” restan valor e importancia al dolor de la mujer que perdido un bebé de forma prematura.

Y si hablamos del padre, la importancia que se le da suele ser prácticamente inexistente. Esto hace que ellos se aislen y no compartan su dolor.

Esta falta de reconocimiento deja a las personas sin el apoyo que necesitan para atravesar la pérdida mientras enfrentan las exigencias sociales y laborales de su vida cotidiana.

En el ámbito social y familiar, los padres pueden aislarse, tener dificultades en la crianza de hijos preexistentes, tensiones en la pareja e incluso llegar al divorcio.

Mientras que, en el entorno laboral, el ausentismo, renuncias y pérdida de productividad son comunes.

Esto nos lleva a preguntarnos ¿qué sucede cuando una persona regresa a trabajar, pero emocionalmente sigue atravesando una pérdida?

Más allá de los permisos: acompañar el duelo

El duelo perinatal y el trabajo se cruzan en un momento de gran vulnerabilidad emocional donde es clave conocer los derechos de baja laboral y las pautas de acompañamiento empático.

Para una madre o padre, regresar al trabajo implica:

  • Incertidumbre y tensión: Regresar a la rutina tras una pérdida perinatal o neonatal genera miedo a las miradas de lástima, preguntas incómodas o comentarios insensibles de los compañeros.

  • Invisibilización: A menudo el entorno laboral minimiza el dolor porque no se reconoce al bebé perdido, complicando el proceso de duelo.

Los líderes y compañeros de trabajo desempeñan un papel clave. Es normal preocuparse por decir lo incorrecto, pero evitar el tema por miedo a incomodar puede hacer que la persona que está viviendo el duelo se sienta aún más sola. Lo más importante es demostrar empatía, escuchar sin presionar y respetar el proceso de los padres.

Para apoyar a las madres y padres que enfrentan un duelo perinatal o neonatal, las organizaciones pueden:

  • Permitir reducción de la carga de trabajo, horarios adaptados o días libres adicionales.

  • Escuchar sin presionar, validar las emociones de la madre y/o padre, así como evitar frases hechas o minimizar la pérdida.

  • Recordar que el duelo no termina en los primeros días; fechas clave o aniversarios pueden detonar momentos difíciles en el equipo.

En México, tras una pérdida perinatal o neonatal, las prestaciones y derechos laborales varían según si el nacimiento ocurrió sin vida o si el bebé falleció después de nacer. Están regulados, principalmente, por el IMSS y la Ley Federal del Trabajo (LFT).

  • Nacimiento con vida y fallecimiento posterior: Si el bebé nace vivo, pero muere a los pocos días o semanas, la madre trabajadora tiene derecho completo a su licencia por maternidad (84 días naturales pagados al cien por ciento).

  • Muerte fetal antes de la semana 23: El IMSS otorga una incapacidad por enfermedad general, la cual cubre el pago al 60 por ciento del salario.

  • Muerte fetal entre las semanas 23 y 34: Se otorgan descansos médicos o incapacidad, pero no bajo el esquema completo de maternidad. Si la muerte ocurre una vez iniciada la incapacidad, posterior a la semana 34, el trámite se ajusta a una enfermedad general.

Sin embargo, respecto a los permisos de duelo hay un vacío legal en la LFT, ya que no contempla de forma expresa una licencia o permiso de luto pagado obligatorio para padres o madres por pérdida gestacional o perinatal.

En el Congreso Mexicano existen propuestas para reformar la ley y otorgar días por el duelo o licencias específicas. Pero hasta ahora éstos dependen de las políticas internas de cada empresa o de la negociación colectiva.

Más allá de los permisos y las disposiciones legales, acompañar también significa reconocer que detrás de cada pérdida hay una historia, un vínculo y un proceso de duelo que no tiene un tiempo determinado. No siempre habrá una frase correcta o una forma de hacer que el dolor desaparezca, pero sí existe la posibilidad de estar presentes con respeto, empatía y sensibilidad.

Para una madre o un padre que atraviesa una pérdida, volver al trabajo puede significar mucho más que retomar una rutina. Puede ser enfrentarse nuevamente a preguntas, fechas, espacios o conversaciones que le recuerden lo ocurrido. Encontrar un entorno que no minimice su experiencia y que le permita transitar ese momento a su propio ritmo puede hacer una diferencia.

Acompañar el duelo también es una forma de cuidar. Y una organización que reconoce el dolor de sus personas y les brinda un espacio para vivirlo con dignidad contribuye a construir una cultura donde el bienestar no depende únicamente de los momentos en los que todo está bien.

Cuando cuidar significa estar presentes

Las personas no dejan su vida personal al llegar al trabajo. Lo que viven, sienten y enfrentan fuera de la oficina influye en su bienestar, en sus relaciones y en la forma en que realizan su trabajo. El duelo perinatal e infantil es una experiencia que tiene un impacto profundo en los progenitores y sin embargo pocas veces se contempla dentro de las políticas y prácticas laborales.

A diferencia de otras situaciones que cuentan con procedimientos conocidos, cuando ocurre una pérdida no está claro qué decir, cuánto tiempo brindar apoyo o de qué manera facilitar el regreso al ámbito laboral. También es importante reconocer que el duelo no tiene un tiempo definido y que la persona puede necesitar comprensión y acompañamiento semanas o meses después.

Por eso, una cultura de cuidado no puede limitarse a las prestaciones, permisos de maternidad y paternidad o beneficios relacionados con la familia. Cuidar también significa anticiparse a las circunstancias que pueden afectar la vida de las personas y establecer condiciones para responder ante ellas de manera respetuosa y consistente.

Esto requiere pasar de las buenas intenciones a estructuras concretas: protocolos que orienten la actuación de la organización, líderes que sepan acompañar sin invadir, flexibilidad cuando sea necesaria y canales de apoyo que permitan a las madres y padres encontrar los recursos adecuados para atravesar su proceso.

Contar con estas herramientas no significa que la empresa deba asumir el papel de terapeuta ni resolver el duelo. Significa reconocer que la corporación también tiene responsabilidad en la manera en que sus políticas y prácticas pueden facilitar o dificultar el regreso al trabajo de una persona en un momento de especial vulnerabilidad.

Desde Mamá Godín creemos que cuidar al talento también es una estrategia de negocio. Una compañía que conoce la realidad de su gente puede anticipar riesgos, tomar mejores decisiones y construir condiciones que favorezcan la permanencia del talento. El cuidado, entendido de esta manera, deja de ser únicamente un beneficio y se convierte en parte de la capacidad de una organización para sostener a las personas a lo largo de las distintas etapas de su vida.

El duelo perinatal e infantil es una experiencia sumamente dolorosa que ninguna política laboral puede eliminar. Pero una empresa sí puede decidir qué tan preparada está para acompañar a quien atraviesa esta situación.

¿Tu organización está preparada para responder cuando una persona de tu equipo enfrenta una pérdida? Conoce cómo Mama Godín puede ayudare a identificar oportunidades y fortalecer una estrategia de cuidado que responda a las distintas realidades de tu talento.

 

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