¿Qué relación existe entre la depresión posparto y la corresponsabilidad?
Antes de empezar: El caso de Lindsay Clancy es complejo y su situación jurídica continúa en manos de las autoridades competentes. Este blog no busca juzgar su historia ni encontrar respuestas sencillas a una tragedia compleja, busca abrir una conversación sobre la salud mental materna y preguntarnos qué podemos hacer como sociedad para que ninguna madre tenga que atravesar sola momentos de profunda vulnerabilidad.
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La salud materna no depende únicamente de la madre. Las redes de apoyo, la distribución de los cuidados y las condiciones laborales pueden hacer la diferencia cuando una mujer atraviesa el posparto.
Durante años, hemos hablado de la importancia de que las madres cuiden su salud mental, pero hay una pregunta que pocas veces hacemos ¿qué condiciones estamos creando para que puedan hacerlo?
Porque decirle a una madre que duerma cuando el bebé lo hace, que pida ayuda cuando lo necesite, que vaya a terapia puede ser insuficiente si en la práctica ella sigue siendo la principal responsable de alimentar, organizar, cuidar, recordar, planear y resolver prácticamente todo.
Y aquí tenemos que considerar la corresponsabilidad, que es una palabra que va mucho más allá de las tareas domésticas.
🧠 Salud mental materna: reconocer las señales y pedir ayuda a tiempo importa.
🤝 Corresponsabilidad en los cuidados: cuidar es compartir, no “ayudar”.
💼 Maternidad y trabajo: la flexibilidad también puede sostener a quien cuida.
❤️ Autocuidado y corresponsabilidad: para cuidarse, una madre también necesita apoyo.
El caso de Lindsay Clancy
El 24 de enero de 2023, Lindsay Clancy, acabó con la vida de sus tres hijos. Después, se presume, que intentó quitarse la vida saltando desde una ventana y, como consecuencia de ello, quedó paralizada.
Lindsay era enfermera y después del nacimiento de su tercer hijo experimentó un grave deterioro de su salud mental. Empezó a padecer insomnio, depresión, pensamientos suicidas e intrusivos relacionados con sus pequeños. Buscó atención psiquiátrica en varias ocasiones e incluso estuvo hospitalizada a principios de enero de 2023.
Su caso ha abierto una conversación particularmente difícil sobre la salud mental después del parto.
Antes de la tragedia hubo señales
La salud mental de una madre no puede depender, exclusivamente, de que ella identifique que tiene un problema. Lindsay pidió ayuda, acudió a sus citas médicas, tomó los medicamentos que le prescribieron, pero algo falló: la dejaron sola enfrentado su deterioro emocional mientras continuaba a cargo de la crianza de sus hijos.
Actualmente, el caso sigue en juicio y no está establecido que Clancy haya actuado como consecuencia de una psicosis posparto. La defensa sostiene esta explicación, mientras que la fiscalía la cuestiona.
Depresión posparto. Cuando la maternidad pone a prueba la salud mental
La Depresión posparto es un trastorno del estado de ánimo que puede afectar a las mujeres después de dar a luz. Se caracteriza por tristeza persistente, agotamiento, culpa, ansiedad, pérdida de interés o dificultades para afrontar las actividades cotidianas.
No es una debilidad personal sino una complicación médica real vinculada a cambios hormonales, físicos y factores emocionales, tales como: falta de sueño, ansiedad, aislamiento, expectativas sobre la maternidad y una enorme carga de cuidados. Por eso, hablar de salud mental materna, también implica hablar del entorno en el que ocurre la maternidad.
Es de suma importancia resaltar que tener depresión posparto no significa que una mujer sea mala madre.
Depresión, ansiedad y psicosis posparto: no son lo mismo.
Depresión posparto
Síntomas: Tristeza persistente, agotamiento, culpa o pérdida de interés
Impacto: Puede afectar la vida cotidiana.
Respuesta: Buscar atención profesional.
Ansiedad posparto
Síntomas: Preocupación intensa, miedo y estado de alerta constante.
Impacto: Puede interferir con el funcionamiento diario.
Respuesta: Buscar orientación profesional.
Psicosis posparto
Síntomas: Alucinaciones, delirios, confusión y pérdida de contacto con la realidad.
Impacto: Representa una emergencia médica.
Respuesta: Atención médica y psiquiátrica inmediata.
No toda madre que experimenta depresión quiere hacerle daño a su bebé y tener pensamientos intrusivos no significa que vaya a llevarlos a cabo. Precisamente por eso, ante señales que preocupen, es importante evitar estigmas y buscar una evaluación profesional.
¿Quién sostiene a la madre?
Durante mucho tiempo hemos colocado sobre las madres la responsabilidad de reconocer que necesita ayuda, pedirla y, además, organizar las condiciones para recibirla.
Una madre puede saber, perfectamente, que necesita dormir y no tener quién se levante por la noche. Saber que necesita acudir a terapia y no tener con quién dejar a sus hijos. Necesitar horas para cuidarse y continuar siendo quien organiza todo lo que ocurre en casa.
El problema no es que las madres no pidan ayuda, sino que la estructura de cuidados no está diseñada para sostenerla.
Para cuidar su salud mental después del parto una madre necesita:
Red de apoyo activa. Para que la madre no cargue sola con la crianza y las tareas del hogar. Esta red también le proporciona acompañamiento emocional.
Descanso y autocuidado físico. Dormir lo más que pueda, repartir los cuidados y crianza de los hijos con la pareja. Así como cuidar su alimentación y realizar actividad física.
Flexibilidad mental y expectativas reales. Aceptar que cometer errores y sentirse abrumada no la convierte en una mala madre. Además de reservar varios minutos al día para ella (que no estén relacionados con el rol de crianza)
Acceso a atención profesional. La madre y el entorno deben estar atentos a cualquier síntoma o señales de alerta como: ansiedad que interfiere con la vida cotidiana, aislamiento, sentimientos de culpa o inutilidad, pensamientos de hacerse daño a ella misma o a sus hijos.
El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG por sus siglas en inglés), incluye entre las recomendaciones para el cuidado de la salud mental fortalecer los apoyos sociales, comunitarios y médicos.
Corresponsabilidad no es ayudar, es compartir
Ayudar implica que una persona tiene la responsabilidad principal y otra ocasionalmente colabora.
La corresponsabilidad se refiere a la distribución equitativa, equilibrada y funcional de las responsabilidades personales, familiares y laborales. Esto implica planificar, organizar y realizar en igualdad las tareas domésticas, cuidar de las personas a cargo y del trabajo remunerado, así como compartir la carga mental de todo ello.
El objetivo de la corresponsabilidad es fomentar y alcanzar la conciliación de la vida familiar y laboral a través del equilibrio.
Por tanto, es justo decir que la pareja no “ayuda” a la madre a cuidar a los hijos, éstos también son su responsabilidad. La familia no “ayuda” ocasionalmente, forma parte de una red de cuidado.
¿Y qué tiene que ver el trabajo?
Mucho. Porque la red que sostiene a una madre no termina en casa, también incluye el lugar donde trabaja.
Si nos centramos en el ámbito laboral, cada vez son más las empresas que van un paso más allá en su política de responsabilidad social corporativa (RSC). Y es que no sólo se trata de diseñar e implementar un plan de igualdad sino también hacer efectivo el compromiso de promover la igualdad a través de una serie de medidas estratégicas. Además, la corresponsabilidad real en la empresa suele ser la precursora de la corresponsabilidad en el hogar, pues promueve la conciliación laboral con la vida personal y laboral.
El primer paso para fomentar la corresponsabilidad desde el trabajo es que las organizaciones deben conocer las necesidades de los empleados. Una vez que se tengan detectadas se podrán establecer y aplicar medidas que faciliten la conciliación y la corresponsabilidad laboral, familiar y personal.
Porque una política de flexibilidad no es solamente un beneficio laboral. Un permiso no es solamente una prestación. Una cultura que permite pedir ayuda sin penalizar a quien lo hace puede convertirse en parte de esa red que sostiene a una persona cuando más lo necesita.
No podemos pedir autocuidado sin corresponsabilidad
Hemos repetido una y otra vez que las madres necesitan cuidarse y sí, el autocuidado importa, pero no ocurre en el vacío.
Decirle a una mujer que pida ayuda no es suficiente si toda la estructura del cuidado continúa dependiendo de ella.
Por eso, no podemos pedir autocuidado sin hablar de corresponsabilidad. Ésta implica entender que no se trata de ayudar a la madre sino de compartir el cuidado.
Necesitamos dejar de pensar que la corresponsabilidad solamente ocurre dentro de casa. Como ya dijimos, las empresas, también, forman parte de esta red. Una organización puede contribuir a que una madre tenga las condiciones para acudir a una cita médica, descansar, atender una emergencia familiar o atravesar un periodo difícil sin sentir que pone en riesgo su empleo y crecimiento profesional.
Aunque el autocuidado es una responsabilidad personal, las condiciones para hacerlo posible son colectivas.
En este sentido debemos dejar de preguntarnos qué puede hacer una madre para cuidarse y empezar a cuestionarnos qué estamos haciendo los demás para que ella no tenga que hacerlo todo sola. Porque cuidar no debería ser una responsabilidad individual sino una tarea compartida.
Una historia que nos obliga a mirar más allá
El caso de Lindsay Clancy todavía se encuentra en proceso judicial y existen distintas interpretaciones sobre su estado mental y sobre lo que ocurrió durante los días y meses previos a aquella tragedia. Por eso, más que buscar en su historia una explicación sencilla para un hecho tan complejo, vale la pena detenernos en la pregunta que este caso pone sobre la mesa.
¿Qué sucede cuando una madre necesita ayuda, pero las redes que deberían sostenerla no son suficientes?
La salud mental materna no puede convertirse en una conversación únicamente cuando aparece una emergencia. Necesitamos aprender a reconocer las señales, hablar de ellas sin estigmas y, sobre todo, construir redes que permitan que una mujer pueda pedir ayuda antes de llegar a una situación límite.
Porque no basta con decirle a una madre que descanse, que pida ayuda, que vaya a terapia si hacer todo esto implica resolver quién cuidará a sus hijos. No basta con hablar de autocuidado cuando la mayor parte de las responsabilidades continúa recayendo sobre ella.
Ahí es donde la corresponsabilidad deja de ser un concepto y se convierte en una práctica. En casa, significa compartir realmente las responsabilidades de cuidado. En la sociedad, significa construir redes de apoyo. En los servicios de salud, significa detectar y atender oportunamente las necesidades de las mujeres durante el embarazo y el posparto. Y en las empresas, significa crear condiciones laborales que permitan atravesar esta etapa sin tener que elegir entre cuidar y desarrollarse profesionalmente.
Porque convertirse en madre no significa dejar de ser profesionista, pero tampoco debería significar enfrentar sola las exigencias físicas, emocionales y familiares que implica esta etapa.
Cuidar también es sostener
El bienestar emocional de las madres no puede seguir viéndose como algo que cada mujer debe resolver por su cuenta. Necesitamos redes de apoyo, servicios de salud accesibles y oportunos, además de espacios de trabajo que comprendan que cuidar es parte de la vida.
El cambio empieza cuando entendemos que cuidar no es una responsabilidad que las madres deban asumir solas sino una tarea colectiva. Porque ninguna mujer debería elegir entre cuidar a su familia, seguir desarrollándose profesionalmente y su salud mental.