💗 Por qué los cuidados son indispensables para la sociedad y la economía
⚖️ Cómo las responsabilidades de cuidado influyen en la trayectoria y el desarrollo profesional
📈 Qué pueden hacer las empresas para impulsar la corresponsabilidad y fortalecer la permanencia del talento
En julio de 2023, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 29 de octubre como el Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo. Su objetivo es valorar, reducir y redistribuir el trabajo de cuidado no remunerado, que recae, en su mayoría, sobre las mujeres. El tema de este año, “Crear sistemas sostenibles de cuidado y apoyo a través del trabajo digno”, se centra en los trabajadores del sector del cuidado y el trabajo digno.
El trabajo de cuidados no remunerado reúne todas esas tareas que hacen posible la vida cotidiana. Incluye cuidar a niños y personas mayores, acompañar a quienes viven con una enfermedad o discapacidad y atender las labores del hogar. Aunque son actividades fundamentales para el bienestar de las personas, recaen principalmente en las mujeres y las niñas, sin que reciban un pago por realizarlas. Aunque muchas veces pasa inadvertido, este trabajo sostiene nuestros hogares y hace posible que la vida continúe.
Aunque los cuidados son indispensables para la vida y la economía, el trabajo que se realiza sin recibir un pago sigue siendo poco reconocido. A menudo, su valor queda fuera de las estadísticas económicas y de las decisiones de los gobiernos. En México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) sí contabiliza su aportación y estima que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado equivale al 26.3 % del Producto Interno Bruto (PIB) nacional. Esto significa que cuidar también genera riqueza, aunque muchas veces no se vea ni se reconozca. Detrás de esta cifra hay millones de personas, principalmente mujeres, que dedican tiempo y esfuerzo a cuidar de sus familias y sostener la vida cotidiana.
Cuidar nos sostiene: el trabajo invisible que mueve al mudo
Cuidar es parte de la vida: todas las personas necesitamos cuidados en algún momento; muchas también dedicamos tiempo a cuidar a alguien más. En el mundo, 249 millones de mujeres y 132 millones de hombres trabajan en el sector de los cuidados. Se estima que, para 2030, habrá 2 mil 300 millones de personas que necesitarán este apoyo.
En todo el mundo, las mujeres siguen siendo las principales responsables de cuidar a sus familias y mantener sus hogares. Esto responde, en gran medida, a normas sociales que durante generaciones han asociado estas tareas con el género femenino. Actualmente, realizan el 76.2 por ciento del trabajo de cuidados no remunerados y dedican, alrededor de 16 mil millones de horas a actividades como limpiar,cocinar, acarrear agua, cuidar de los hijos o personas mayores.
Pero cuidar no termina ahí, también implica organizar horarios, anticiparse a las necesidades de la familia y estar pendientes de que todo funcione. Esta responsabilidad, conocida como carga mental, requiere tiempo y energía, aunque nadie lo reconozca.
Las horas de trabajo no remunerado de las mujeres aumentan en las zonas rurales y en familias sin acceso a servicios básicos.
El trabajo de cuidados no remunerados va más allá del hogar, incluye los cuidados realizados de forma voluntaria en la comunidad, como por ejemplo la gestión de cocinas comunitarias, grupos vecinales de cuidado infantil o redes de apoyo informales.
Si se le pusiera un valor económico al trabajo de cuidados no remunerados, en algunos países representaría más del 40 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), su valor sería, incluso, mayor que el de sectores como la manufactura o el transporte.
A pesar de su importancia, este trabajo sigue sin ser reconocido en estadísticas y presupuestos nacionales. Esta falta de reconocimiento se mide en tiempo, ingresos y potencial.
Pobreza de tiempo. Las responsabilidades de cuidado hacen que muchas mujeres tengan menos oportunidades para estudiar, trabajar, descansar y disfrutar de su tiempo libre. A nivel mundial, el 45 por ciento de las mujeres en edad productiva no participa en el mercado laboral por estas responsabilidades, frente al 5 por ciento de los hombres.
Penalización de la maternidad. Ser mamá no debería significar renunciar a oportunidades laborales ni ganar menos. Sin embargo, en México, las responsabilidades de cuidado siguen poniendo a muchas mujeres frente a una difícil decisión: continuar con su carrera o dedicar más tiempo a su familia. La falta de apoyo para cuidar no sólo limita sus oportunidades, también afecta sus ingresos y su crecimiento profesional.
Pérdida de potencial. Cada hora extra dedicada a cuidar sin recibir un pago reduce en un 38 por ciento las posibilidades de una mujer de acceder a un empleo remunerado y en un 34 por ciento las de acceder a la educación superior.
Estrés y agotamiento. Las largas jornadas de cuidar a otras personas y atender el hogar, con poco tiempo para descansar y sin suficiente reconocimiento, pueden dejar a muchas mujeres física y emocionalmente agotadas. A esto se le conoce como desgaste de la persona cuidadora.
Cuando los hombres participan en los cuidados, toda la familia se beneficia. De hecho el 85 por ciento de los padres quiere involucrarse más en la vida de sus hijos. Sin embargo, los prejuicios sociales y la falta de licencias de paternidad adecuadas dificultan que puedan hacerlo.
Los países que ofrecen licencias iguales y bien pagadas para madres y padres demuestran que, con las condiciones adecuadas, es posible compartir los cuidados y estar presentes en la vida familiar sin sacrificar el desarrollo profesional.
En el momento en que madres y padres comparten los cuidados, las infancias crecen con mayor bienestar y ambos tienen tiempo de trabajar, descansar y cuidar de sí mismos. Pero mientras cuidar tenga consecuencias en el trabajo, las mujeres seguirán cargando con más responsabilidades y muchos hombres se perderán momentos únicos con sus hijos.
Esta desigualdad forma parte de la vida cotidiana de millones de personas que buscan atender las necesidades de sus familias sin descuidar sus responsabilidades laborales. Por eso, es fundamental construir entornos de trabajo donde cuidar no sea un obstáculo para crecer profesionalmente, sino una responsabilidad que se puede compartir.
Cuidar y trabajar no deberían ser caminos opuestos
Hay personas que empiezan su día mucho antes de llegar al trabajo. Preparan el desayuno, alistan a sus hijos para ir a la escuela, ayudan a un familiar mayor o se aseguran de que alguien que necesita apoyo esté bien. Después cumplen con su jornada laboral y, al terminar, vuelven a casa para continuar con las tareas y responsabilidades que dejaron pendientes.
Para millones de personas, esta es la vida cotidiana: intentar cumplir con el trabajo, estar presentes para sus familias y encontrar, si queda tiempo, un momento para descansar. No siempre es sencillo. A veces, una reunión se cruza con una cita médica, una emergencia familiar obliga a cambiar los planes o el cansancio se acumula después de pasar el día atendiendo las necesidades de otras personas.
Cuidar es parte de la vida, pero todavía cuesta que esa realidad tenga un lugar en el mundo laboral. Aunque todas las personas podemos necesitar o brindar cuidados en algún momento, estas responsabilidades no se distribuyen de manera equitativa. Las mujeres siguen dedicando más tiempo a las tareas domésticas y de cuidado, muchas veces a costa de su descanso, sus ingresos y sus oportunidades de desarrollo profesional.
Esta desigualdad afecta tanto a las personas como a las empresas. Cuando trabajar y cuidar se vuelve difícil de conciliar, muchas personas se ven obligadas a posponer sus sueños, renunciar a oportunidades de crecimiento o incluso dejar su empleo, poniendo en riesgo su independencia económica. Al mismo tiempo, las empresas pierden talento valioso y la oportunidad de contar con personas que podrían seguir creciendo y aportando a sus equipos si tuvieran las condiciones necesarias para equilibrar ambas responsabilidades.
Para que esto cambie necesitamos reconocer que las personas no dejan su vida personal en la puerta de la oficina. Son madres, padres, hijos, nietos, hermanos que, además de trabajar tienen responsabilidades, vínculos y necesidades propias. Reconocerlo no significa esperar menos de ella, sino construir condiciones que les permitan hacer bien su trabajo sin tener que descuidar todo lo demás.
Las empresas pueden hacer una gran diferencia con acciones concretas. Ofrecer horarios flexibles, permisos para atender asuntos familiares, opciones de trabajo a distancia cuando sea posible y políticas de maternidad, paternidad y cuidados ayuda a las personas a equilibrar su vida laboral y personal. Pero no basta con contar con estas medidas; también es fundamental crear una cultura de confianza en la que puedan utilizarlas sin temor a ser juzgadas, perder oportunidades de crecimiento o ser consideradas menos comprometidas con su trabajo.
Y hablar de cuidados no es hablar únicamente de niñas y niños pequeños. También significa reconocer a quienes acompañan a sus padres mayores, cuidan a una persona con discapacidad o están presentes durante la enfermedad de un ser querido. Estas responsabilidades pueden aparecer en cualquier etapa de la vida y no deberían convertirse en una barrera para conservar un empleo o seguir creciendo profesionalmente.
Además, crear mejores condiciones para cuidar también beneficia a las empresas. Cuando las personas sienten que su realidad es tomada en cuenta, pueden encontrar un mayor equilibrio entre su vida laboral y personal. Esto contribuye a construir relaciones de trabajo más sostenibles, favorece la permanencia del talento y permite que la experiencia y las capacidades de los equipos sigan creciendo dentro de la organización.
No se trata de que las personas aprendan a hacer más en menos tiempo, ni de que encuentren la manera de resolver solas todas sus responsabilidades. Se trata de dejar de ver los cuidados como un asunto privado que cada quien debe solucionar por su cuenta y empezar a reconocerlos como una parte esencial de la vida que también requiere apoyo, tiempo y corresponsabilidad.
Porque trabajar no debería significar renunciar a cuidar, y cuidar tampoco debería significar renunciar a crecer. El reto es construir entornos laborales donde las personas puedan cumplir con sus responsabilidades, alcanzar sus metas y estar presentes para quienes las necesitan, sin dejarse a sí mismas para el final.
Cuando las empresas cuidan, las personas crecen
Detrás de cada persona que trabaja hay una vida que no se detiene al terminar la jornada. Hay hijas e hijos que necesitan atención, familiares que requieren apoyo, tareas del hogar por resolver y sueños que también merecen tiempo. Sin embargo, muchas veces, todo lo que ocurre fuera del trabajo queda en segundo plano, como si las responsabilidades familiares y personales pudieran ponerse en pausa durante la jornada laboral.
La realidad es que nadie llega al trabajo dejando atrás sus preocupaciones y responsabilidades. Cuando las exigencias laborales no permiten atender otras áreas de la vida, las personas terminan haciendo malabares para cumplir con todo. Algunas viven con cansancio constante; otras posponen sus planes o renuncian a oportunidades profesionales para estar presentes cuando su familia las necesita.
Por eso, cuidar a las personas también significa reconocer que tienen una vida fuera del trabajo. Las empresas pueden hacer una diferencia cuando escuchan a sus equipos, comprenden sus circunstancias y ofrecen condiciones para que puedan cumplir con sus responsabilidades sin descuidar su bienestar ni sus metas profesionales.
Para alguien, esto puede significar tener flexibilidad para llevar a su hija al médico. Para otra persona, contar con tiempo para acompañar a su madre a una consulta o atender una emergencia familiar. Las situaciones son distintas, pero comparten algo: nadie debería tener que poner en riesgo su empleo o su crecimiento profesional por atender a alguien que necesita su apoyo.
Las empresas pueden contribuir con medidas concretas, como horarios flexibles, permisos para atender asuntos familiares, opciones de trabajo a distancia cuando las funciones lo permitan y políticas de maternidad, paternidad y cuidados que respondan a distintas etapas de la vida. Estas acciones ayudan a que las personas encuentren un mejor equilibrio entre sus responsabilidades y tengan más oportunidades de continuar desarrollándose profesionalmente.
Pero no basta con que estas medidas existan por escrito. También importa cómo se viven todos los días. Si una persona siente culpa por pedir permiso, teme que su jefe la considere menos comprometida o piensa que aceptar una oportunidad de crecimiento será incompatible con cuidar a su familia, las políticas pierden buena parte de su valor.
Aquí es donde la cultura laboral cobra importancia. Los líderes pueden marcar la diferencia cuando escuchan sin juzgar, respetan los tiempos de descanso y demuestran que atender las responsabilidades familiares no es motivo para cuestionar el compromiso de alguien. Crear confianza significa que las personas puedan pedir apoyo sin miedo a ser señaladas ni a perder oportunidades.
También es importante que los cuidados dejen de verse como una responsabilidad exclusiva de las mujeres. Los hombres necesitan contar con las condiciones para participar activamente en la crianza y el cuidado de sus familiares, sin que hacerlo se interprete como una falta de ambición o compromiso profesional. Cuando madres y padres comparten estas responsabilidades, las familias pueden organizarse de manera más equitativa y las mujeres dejan de cargar solas con una tarea que nos corresponde a todos.
Además, cuidar no se limita a la crianza. A lo largo de la vida, muchas personas acompañan a sus padres mayores, apoyan a familiares con discapacidad o están presentes durante una enfermedad. Estas situaciones pueden aparecer de manera inesperada y cambiar por completo la rutina de una familia. Por eso, construir entornos laborales que reconozcan los cuidados significa entender que cualquier persona puede necesitarlos o brindarlos en algún momento.
Reconocer las responsabilidades de cuidado no solo beneficia a las personas trabajadoras. También puede convertirse en una ventaja para las organizaciones. Cuando las empresas ofrecen condiciones que permiten compatibilizar el trabajo y la vida personal, crean mejores oportunidades para atraer y conservar talento.
Menor pérdida de talento. Cuando las personas encuentran condiciones para atender sus responsabilidades familiares, tienen más posibilidades de permanecer en sus empleos y continuar desarrollándose dentro de la organización.
Mayor compromiso y confianza. Sentirse escuchadas y tomadas en cuenta puede fortalecer la relación de las personas con su lugar de trabajo y su disposición a contribuir a los objetivos comunes.
Mejor aprovechamiento del talento. Evitar que las responsabilidades de cuidado se conviertan en una barrera permite que más personas accedan a oportunidades de crecimiento, liderazgo y desarrollo profesional.
Mayor equidad en las oportunidades. Las políticas que facilitan la corresponsabilidad ayudan a reducir las desventajas que enfrentan las mujeres por asumir una mayor parte de los cuidados y favorecen la participación de los hombres en estas tareas.
Una cultura laboral más saludable. Cuando pedir apoyo no es motivo de culpa o señalamiento, se pueden construir relaciones laborales basadas en la confianza, el respeto y una mejor organización del trabajo.
Una reputación que refleja compromiso. Las empresas que respaldan sus valores con acciones concretas pueden fortalecer su atractivo como empleadoras y su relación con las personas que trabajan en ellas, sus clientes y otros grupos de interés.
Estos beneficios no aparecen de un día para otro ni dependen de una sola prestación. Requieren conocer las necesidades de los equipos, revisar las políticas existentes y asegurarse de que las personas puedan utilizarlas sin consecuencias negativas para su desarrollo profesional.
Hablar de cuidados no es pedirles a las empresas que resuelvan todos los problemas de la vida personal. Es reconocer que sus decisiones pueden hacer más fácil o más difícil que las personas atiendan aquello que también importa. Un permiso oportuno, un horario flexible o un liderazgo que comprende una situación familiar pueden parecer acciones pequeñas, pero para quien necesita ese apoyo representan una gran diferencia.
Al final, detrás de cada puesto hay una persona con una historia, una familia y una vida propia. Y construir mejores lugares para trabajar también significa reconocer esa realidad.
Cuando una empresa crea condiciones para que las personas puedan trabajar, cuidar y crecer, no solo mejora su experiencia laboral: también protege su talento, fortalece sus equipos y construye las bases para crecer de manera sostenible. Porque el éxito de una organización no debería depender de cuánto están dispuestas a sacrificar las personas que la integran, sino de lo que pueden lograr cuando cuentan con las condiciones para desarrollarse plenamente.
Los resultados de Mamá Godín: transformar el mundo laboral desde los cuidados
En Mamá Godín creemos que cuidar y crecer profesionalmente no deberían ser caminos opuestos. Desde 2016 trabajamos para visibilizar los retos que enfrentan madres, padres y personas cuidadoras, e impulsar entornos laborales donde las responsabilidades familiares no limiten las oportunidades de desarrollo profesional.
Lo que comenzó como una iniciativa de activismo personal de Aideé Zamorano se convirtió en 2020 en la primera edición del Ranking Mamá Godín®. Desde entonces, hemos ampliado nuestro trabajo para evaluar las prácticas de las empresas, escuchar las necesidades de las personas trabajadoras y promover mejores condiciones para la corresponsabilidad de los cuidados.
Los resultados de este trabajo reflejan su alcance e impacto:
Más de 500 organizaciones evaluadas, a través de nuestro trabajo de análisis y evaluación.
Más de un millón de personas impactadas por las iniciativas de Mamá Godín.
Hasta 26% de incremento en la participación de mujeres en el trabajo formal.
Hasta 113% de incremento en la participación de mamás en la plantilla laboral.
Hasta 150% de incremento en la participación de papás los equipos de trabajo.
Hasta 6% de reducción en la rotación de personal.
Estos resultados muestran la relevancia de impulsar entornos laborales que reconozcan las responsabilidades de cuidado. Para las personas, esto significa contar con mejores condiciones para continuar su carrera profesional sin dejar de atender a sus familias. Para las empresas, representa una oportunidad para ampliar la participación laboral, conservar talento y fortalecer sus equipos.
Nuestro trabajo también ha evolucionado para responder a este reto desde distintos frentes. En 2022 nos especializamos en gobernanza de cuidados; en 2023 lanzamos Líderes que Cuidan, un programa enfocado en ayudar a las organizaciones a comprender las necesidades de sus equipos. En 2024 iniciamos nuestra expansión a España y, en 2025, desarrollamos el Kit de Cuidados del Hogar, una herramienta para identificar, distribuir y acordar las responsabilidades domésticas.
Hoy, Mamá Godín mantiene presencia activa en México, España y Alemania, y ha realizado investigaciones en México, España, Colombia, Suiza y Estados Unidos. Esta trayectoria nos permite ampliar la conversación sobre los cuidados y promover cambios que favorezcan la igualdad de oportunidades y la participación económica de las mujeres.
Seguiremos trabajando para que los cuidados formen parte de las decisiones empresariales y de las estrategias de desarrollo del talento. Porque reconocer esta realidad no solo mejora la vida de las personas: también ayuda a construir organizaciones más equitativas y sostenibles.
Cuando las personas pueden trabajar, cuidar y crecer, las empresas también tienen más oportunidades de crecer.